Keith Richards: filósofo de la vida, antropólogo musical.

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El lado reflexivo, introspectivo y profundo del guitarrista de los Rolling Stones es revelado en el documental Keith Richards: under the influence, un muy interesante paseo por sus influencias y creencias.

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Más de 50 años después de que comenzara la carrera de los Rolling Stones, en palabras de su guitarrista, el mítico Keith Richards, “aún nos estamos encontrando y descubriendo”.

La frase no es un lugar común en boca del excéntrico músico, sino una confesión sincera de su forma de observar su carrera y entender la vida misma a sus 71 años.

A la conferencia de prensa en el Festival Internacional de Cine de Toronto, donde se realizó la premiere del filme, lo acompaña el director Morgan Neville, quien en marzo de 2014 recibiera el Oscar a Mejor Documental por su filme 20 feet from Stardom. Neville es un reconocido documentalista de la escena musical con trabajos previos sobre Muddy Waters y Johnny Cash.

Lo primero que ambos admiten es que el proyecto se dio por accidente. Mientras Richards preparaba un nuevo disco como solista (algo que no hacía desde 1992), a través de su manager, se dio la posibilidad de un encuentro con Neville para platicar de música.

“Yo estaba concentrado en grabar un disco, no le veía el punto a hacer un documental, era una carga más en ese momento en que estaba pensando en las canciones”, afirma entre risas Richards, para luego agregar, “pero después de sentarnos a platicar de música por horas, la idea, como el disco mismo, nos atrapó y envolvió por completo y creció de tal forma que lo más natural era ver a dónde nos llevaba. Yo no planeaba hacer un nuevo disco, al inicio solo quería grabar algunas buenas canciones, pero conforme va creciendo la idea, vas descubriendo que tiene vida, que es más grande que uno mismo y la acompañas hasta donde pueda llegar. ”.

Keith Richards: under the influence, que tras su presentación en el festival estrenó el pasado fin de semana a través de Netflix en todo el mundo, revela una cara poco conocida del músico, y deja en el olvido por un buen rato la imagen que de Richards hay en el imaginario colectivo mundial: la del músico adicto a las drogas y al alcohol, que siempre está a la mitad de una borrachera o ‘un viaje’, el incansable rockero autodestructivo, que incluso funcionara como base para el personaje de Jack Sparrow en la saga de Piratas del Caribe.

Richards incluso bromea al respecto en el documental: “Muchos me imaginan como el músico que cigarro en una mano, botella de whisky en otra, camina solo por una carretera dando tumbos y enojado porque la tienda de licores está cerrada”. Nada podría estar más lejos de la realidad, a pesar del conocido pasado de Richards en referencia al abuso de sustancias y sus problemas de adicción.

Al mismo tiempo que el documental se estrena lo hace Crosseyed Heart, su nuevo disco solista, cuya producción se detalla en el filme.

La realización del disco sirve como una ruta perfecta para descubrir las profundidades musicales y artísticas de Richards, y para mostrar a un hombre enormemente reflexivo, inteligente, sensato, lúdico y quien a pesar de ser una de las más grandes estrellas de rock de la historia de la música, sabe tomar sin dificultad un segundo plano para hablar de aquellos a quienes él admira y encuentra como sus tótems sagrados en lo musical.

Ahí aparecen momentos como la revelación de la meta y filosofía última de los Stones: querían ser divulgadores musicales. No les importaba o interesaba la fama como tal o la atención, querían compartir y mostrar a otros la música que los influenciaba y que encontraban profunda y poderosa: el blues, el country norteamericano de la década de los 40 y 50, Muddy Waters, Johnny Cash, Hank Williams.

Súbitamente nos encontramos en una profunda e interesantísima charla sobre la historia de la música moderna. Y en ese nivel de charla, los interlocutores son gente del calibre de Tom Waits, quien aparece a lo largo del documental para hablar del trabajo de Richards, de su enorme conocimiento de la historia musical y de cómo se manifiestan esas influencias en su música.

Richards es un antropólogo musical como pocos. Estudia y analiza a diferentes músicos y sus estilos, deja que lo influyan, que lo inspiren y luego lleva eso a un nuevo terreno, donde hay algo de él y algo de otros.

La postura la deja clara cuando le preguntan sobre el estado actual de los Stones: “Creo que seguimos descubriéndonos. Imaginas que en una carrera así en algún momento llegas a una cima, pero al interior de la banda hay aún mucha curiosidad y ánimo por seguir encontrando esa parte en que dices, ‘aquí todavía podemos hacer algo más, o intentar esto otro’”.

El filme toma como eje la realización del disco, y hace un repaso tema por tema de la enorme profundidad e influencia musical detrás de cada uno de los tracks. Es en verdad impresionante.

En cada canción se esconden 4 o 5 influencias, ideas y reflexiones, que al mismo tiempo, son la clase de ideas y reflexiones que Richards tiene sobre su propia vida: nunca dejar de crecer, mantener la curiosidad y el sentido de explorar cosas nuevas, tanto en la música como en la vida, quitarse del reflector para poner otros nombres bajo la atención del público.

Este no es un rockstar de botella de whisky en la mano, es un filósofo de la vida y la música, quien llega a las raíces del blues y nos lleva por un recuento histórico musical digno de una enciclopedia. Y en ese ánimo de blues, de rock and roll, de country doloroso a lo Hank Williams, se confiesa como persona y artista.

Keith Richards: under the influence es un documental que desmitifica y que sorprende, un viaje musical y un análisis profundo de una personalidad.

Cuando la música y la vida se observan desde la perspectiva del famoso guitarrista de los Rolling Stones, resulta revelador escucharlo decir que “no estoy envejeciendo, estoy evolucionando”. Una frase que muestra sin etiquetas o imágenes preconcebidas al más profundo Keith Richards.

 

Publicado originalmente en noviembre de 2015 en la revista Gatopardo. Se reproduce con su autorización.