Xavier Dolan, el nuevo infant terrible

 

Xavier Dolan Canadian actor and filmmaker, Paris, FRANCE - 30/09/2014/JDD_132501/Credit:Eric DESSONS/JDD/SIPA/1410061331

Xavier Dolan Canadian actor and filmmaker, Paris, FRANCE – 30/09/2014/JDD_132501/Credit:Eric DESSONS/JDD/SIPA/1410061331

El cine de Xavier Dolan es emocional y crudo. El joven director de 25 años sabe cómo envolver sus historias en paquetes llamativos de propuestas cinematográficas.

 

Por Arturo Aguilar

Tiene 25 años y ya es considerado uno de los jóvenes directores predilectos del Festival Internacional de Cine de Cannes. Ahí ha estrenado cuatro de las cinco películas que componen su filmografía. En 2014, su último largometraje Mommy fue acreedor del Gran Premio del Jurado de Cannes; y un año antes en Venecia, 2013, su cuarta película Tom en la granja le mereció el Premio FIPRESCI de la crítica internacional. Este joven director es el nuevo “niño terrible” del cine canadiense y del que todo mundo está hablando.

Sin embargo, mientras fuma un cigarro en una terraza desde la que observa la marina de Cabo San Lucas, durante la pasada edición del Festival Internacional de Cine de Los Cabos, Dolan confiesa que su mayor pasión es actuar. “Así empezó todo. Extrañaba actuar, no había recibido propuestas en bastante tiempo y decidí que el mejor camino era emplearme yo mismo”, dice quien incursionó a los cuatro años haciendo comerciales para una cadena de farmacias, y luego pequeños papeles en películas, cortometrajes y series de TV. La madurez y claridad con la que se expresa Dolan es notable. No sorprende que los complejos personajes de sus películas, y los crudos y realistas diálogos que se escuchan en éstas, vengan de esta mente que siempre parece estar trabajando en algo más.

Su ópera prima, Yo maté a mi madre (2009) fue el resultado de ese deseo de autoemplearse para volver a actuar, y la necesidad de contar una historia con cierto tono y estilo, parcialmente autobiográfica, sobre un adolescente que confiesa cómo se siente sobre la difícil relación con su madre. Profunda y de una claridad emocional excepcional para un director en ese entonces de 19 años, el filme se convirtió en un fenómeno. “Mi inicio fue algo impulsivo y quizás inconsciente, simplemente era algo que quería hacer, quería tratar de poner mis ideas, lo que había en mi cabeza en historias”, añade. En mayo del año pasado, al recibir el Gran Premio del Jurado en Cannes, agradeció directamente a la presidenta del jurado, Jane Campion, por la influencia que The Piano había tenido en su vida, que lo había inspirado a escribir personajes femeninos complejos e interesantes, “no víctimas, ni objetos”, dijo.

Al observar a detalle su corta pero meteórica filmografía, se confirma esta influencia. Y es posible descubrir su capacidad de llevar ese discurso sobre roles protagónicos fuertes y no de víctimas no solo a personajes femeninos, sino también a otros menospreciados o estereotipados por costumbres sociales, como los homosexuales y transexuales. La sexualidad en los hombres y mujeres de los filmes de Dolan es una parte importante de ellos y ellas, pero no los define por completo. Lleva la sexualidad a un segundo plano, como algo importante sí, pero no como el filtro a través del cual se observa a un personaje. Esa es su manera de llevar al espectador con naturalidad a lo profundo y crudo de sus personajes, a lo recóndito de sus reacciones afectivas o secretos sentimentales, miedos y deseos. Y cuando se despliega esa complejidad emocional, se entiende que la sexualidad sirve para entablar una conversación directa y sin hipocresías o correcciones políticas con un público joven, de una mentalidad que asimila con mayor naturalidad estos modernos escenarios emocionales.

“No es una cuestión de edad. Es más sobre las diferencias generacionales. Sobre los cambios con los que creces y si eres capaz de asimilar mejor nuevas situaciones o dinámicas. Mi generación puede entender mejor esto y ver lo profundo sin sorprenderse por la forma o la primera capa, lo sexual,” dice.

Al observar el común denominador que hay en el cine de Dolan a través de sus historias con intensas dinámicas emocionales y sociales, uno encuentra al hijo adolescente homosexual confiesa que la relación con su madre no es nada sencilla (Yo maté a mi madre); un duelo de amor entre dos grandes amigos –un hombre y una mujer- por conquistar a un misterioso joven que llega del campo y pone a prueba toda su relación (Los amantes imaginarios, 2010); la compleja y complicada vida, a lo largo de una década, de un hombre que decide ser transexual (Laurence Anyways, 2012); secretos sobre la persona que amas, en una pareja gay (Tom en la granja); y la vida entre una joven madre y su hijo adolescente (Mommy).

Mommy es la historia de Diane Despres, viuda que decide educar ella misma a su hijo Steve, quien padece Transtorno por Déficit de Atención e Hiperactividad que se manifiesta con intensos arranques de violencia. Diane decide vivir con él a pesar de que en la Canadá del filme los padres tienen permitido dejar a sus hijos internados en hospitales por estos padecimientos. A esta singular dinámica de hogar y mutua adaptación se sumará la presencia de una tímida y misteriosa vecina.

Mommy es la condensación de los temas y estilos de sus películas previas. Logra mezclar los profundos retratos psicológicos de los personajes adolescentes y de los adultos en una misma historia, dándole igual peso a ambos. En segundos, sabe cómo convertir una escena de risas en una explosión dramática que incomoda al espectador, una sensación sorprendente y que repite varias veces en el filme con notable control. Y para redondear, su puesta en escena, su habilidad para elegir dónde ubicar la cámara, cuándo moverla junto con los personajes, y cómo jugar con los tiempos y velocidades de la cámara, son auténticamente originales, y se complementan perfecto con un moderno y preciso soundtrack.

Dolan se atreve incluso a jugar y experimentar al elegir un formato 1:1 para Mommy, o en términos muy modernos, es como si viéramos una película entera a través de un cuadrado, como si estuviéramos encuadrando para una fotografía en instagram (a veces con filtros, muchas veces no). Una evolución visual que ha pasado por ejercicios que hacen pensar en el cine de Wong Kar-Wai o en el estilo casi documental de Stanley Kubrick, pero que tienen sus influencias en otros lados. “Mis influencias pasan más por pintores y poetas, Matisse, Chagall, El Bosco, Picasso, Vermeer, no tanto por cineastas”, asegura Dolan al preguntarle por el estilo en algunos de sus filmes. Hasta en algo tan sencillo como eso, Dolan no deja de sorprender. Y a sus 25 años, es sin duda uno de los cineastas más interesantes a seguir en los años por venir.

 

Este texto fue publicado originalmente en el número de febrero de 2015 de la revista Gatopardo. Se reproduce con su autorización.