El proyecto Chicago

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En menos de 12 horas estaré corriendo mi primer maratón. Como muchos sabes, la llegada a este día requirió de un largo proceso de preparación y entrenamiento. De compromiso y necedad. De encontrar motivaciones, superar desánimos y hacerse tiempo para sesiones de entrenamiento que empezaron necesitando una hora y terminaron requiriendo de hasta más de 3.

Fue un proceso largo y con altibajos. Tuve poco más de 3 meses de muy buen momentum de entrenamiento, 1 mes totalmente para el olvido (y para el psicólogo), y algo más de un par de semanas extra de un extraño cierre que incluyó una tendinopatía de la banda iliotibial y una pesada y a ratos dolorosa rehabilitación para recuperarme a tiempo para el día de la carrera.

Y heme aquí. Listo. Mentalizado. Recuperado para poder correr (cosa que hace una semana no podía hacer) y con ganas de que ya sea mañana, de que no haga tanto frío, de que la rodilla simplemente haga su parte y no se ponga mañosa y de poder darle a mi papá (quien mientras escribo esto ve la televisión a un lado mio) la medalla del maratón. Para que haga juego con la que le di tras terminar el medio maratón de la Ciudad de México del año pasado.

Él, mi mamá, y mis hermanas son mi inspiración y a quienes dedico esto. Son quienes me enseñaron a buscar más, a intentar más, a aprender y esforzarme, a trabajar y retarme. A siempre buscar crecer. De una forma u otra.

Mi personalidad es un reflejo directo de la influencia de estas 4 personas en diferentes contextos y momentos. Mis logros también. Mi forma de ser y pensar, de actuar. Y por ello, les digo Gracias.

Siempre he considerado (y me ha sido confirmado por amigos maratonistas, mi doctor, mi psicólogo y hasta el masajista con el que fui) que en este reto la parte mental y psicológica es fundamental para acabarlo. Es en parte lo que me atrajo desde siempre a la idea de correr un maratón.

Si los primeros 32kms se corren con el cuerpo, los últimos 10 se logran mentalmente. Otros dicen que es con el corazón. Soy de los que piensan más en lo primero.

Se trata de una parte que hay que entrenar también. En varios escenarios y desde varios lados. Sé que estaba haciendo mi parte, pero como en todo, no pude considerar los imponderables, las sorpresas y las influencias externas de otros con más broncas mentales que yo (y eso ya es decir algo… ya que mi innata patología es estar siempre en modalidad ‘overthinking’… ya sea de trabajo o personal, siempre hay varias ideas sonando en mi cabeza. Siempre).

Nunca imaginé que en pleno proceso de entrenamiento fuera a pasar por un trancazo emocional totalmente inesperado (y algo cruel) que me hizo caer como a quien le pegan con un bat en las rodillas.

Un curioso efecto dominó (que empiezo a entender gracias a doctores y a otros corredores) me hizo pasar de esos 3 meses de muy buen trabajo de entrenamiento (físico y mental) a una etapa complicada donde perdí la emoción y ánimo alrededor del entrenamiento y la carrera, hasta llegar a una lesión consecuencia de ese cambio anímico y de cómo por varias semanas haría los entrenamientos casi en automático, sin mucha motivación, y apenas corriendo lo que me tocaba y descuidando algunas otras partes de la preparación, como el hacer masajes de descarga.

Si no entrenas concentrado y sintiéndote bien, tu cuerpo lo sabe, y lo resiente.
Al perder el control del ánimo perdí en parte el control físico-mental que llevaba de los incrementos en esfuerzo e intensidad de los entrenamientos. Mi cuerpo resintió la carga de los entrenamientos que mentalmente hacía poco motivado. Empezaba a sentirme menos cómodo en ciertas sesiones, me notaba corriendo distinto, y en efecto, estaba corriendo distinto.

En esa inercia, empezaba a notar cómo sentía rara la pisada de mi pie derecho en partes de ciertos entrenamientos, tanto distancias como repeticiones de velocidad.
Era una mera distracción mental auto-impuesta para no pensar en otras cosas que me tenían más apachurrado.

Chicago Marathon 2014

Pero resultó que sí estaba corriendo distinto, y que mi pie derecho estaba trabajando extra para compensar esas incomodases que sentía. Que no eran más que una manifestación psicosomática de mis propios issues durante esas semanas.

Al cabo de unas semanas, la lesión apareció justo a 15 días del día del maratón. Tras mi última sesión programada de intervalos de velocidad. Al final, al hacer el trote de recuperación, apareció un dolor que me hizo tener que detener la carrera. Una tensión en la parte externa de la rodilla que hacia difícil y dolorosa doblarla al correr y exigir fuerza del muslo.

Tendinopatía de la banda iliotibial y síntomas de fascitis plantar, fue el diagnóstico de dos especialistas consultados por separado. Empezaría una rehabilitación contra reloj para llegar a la carrera, pero se trataba de algo que se había venido desarrollando en el último mes.

Tenía mucho tiempo que no sentía tanto dolor como cuando los doctores me hicieron ciertas pruebas y auscultaciones, y con algunos ejercicios de estiramiento, confirmaron (y me mostraron) la tendinopatía.

Parte de los ejercicios de rehabilitación de esta última semana y media han sido de las cosas más dolorosas (físicamente) que he tenido que hacer en un muy buen tiempo. Duele y quema debajo de la piel el sentir el tendón estirándose como parte de los ejercicios de rehabilitación. La tendinopatía hizo que no pudiera entrenar más en modalidad carrera.

Debí migrar a la bicicleta para los ejercicios de cardio de la última semana y media, y ahí aparecería una inflamación del nervio ciático por no sentirme/sentarme bien en la bicicleta y hacer presión de más sobre un glúteo debido a la incomodidad de mi rodilla mientras pedaleaba. A la terapia en proceso se le sumaban nuevos achaques. El efecto dominó seguía haciendo de las suyas.

Y así llegó esta semana previa. Conmigo de viaje de trabajo y con las complicaciones que esto implica a veces para seguir con entrenamientos o terapias. Pero lo logré. Entre la tina y la sala de la habitación seguí a las horas que podía con mi rehabilitación. Simplemente concentrándome en que esto, a pesar de doloroso, era lo único que me haría poder llegar a Chicago para poder terminar la carrera. Ambos médicos me dijeron que era posible estar listo para la carrera, quizás no en las condiciones que hace unas semanas hubiera anticipado. Pero si ellos decían se puede, yo seguía la lógica de que ellos son los que saben y que todo estaría bien.

Afortunadamente no estoy obsesionado con la idea de algún tiempo específico para mi primer maratón. A pesar de que sabía por conversaciones con mi coach y el doctor del tiempo que podría intentar hacer (más allá de mis más locos sueños al empezar el entrenamiento), siempre estuve cierto de que el objetivo real era acabarlo, disfrutarlo, sentirme fuerte en toda la ruta pero poder absorber la experiencia y no estar pensando todo el tiempo en mi pace y viendo mi reloj.

Sigo creyendo que acabarlo no es poca cosa, aunque un poco me conflictúe por dentro que la batalla del maratón no pueda ser del todo (física o anímicamente) como me hubiera gustado.

Pero me gusta también que las cosas no salgan como uno quiere. Me recuerda que así es este mundo, y la vida. Hay que adaptarse, trabajar en uno mismo, y seguir. El mundo, en su foto amplia según mi perspectiva, está lleno de chingaderas. Hay que saber vivir con eso.

Y en ese mundo de las ideas, los últimos kilómetros de la carrera, los más mentales, son los que más me llaman. Los que más curiosidad me despiertan. Los que no sé qué me puedan deparar. Aunque lo imagino.

Tengo muchas ganas de llegar hasta ese punto. Saber cuáles son los fantasmas y demonios más profundamente personales que saldrán a pelear conmigo en esa última etapa.

Puedo imaginar algunos de ellos. Y tanto como me emociona enfrentarlos, sé con certeza que no serán cosas sencillas de volver a ‘platicar’ conmigo en plena carrera. Algunas son cuestiones muy recientes, otras no. E imagino que cada una estará esperando su turno para nuestro round.

Si el karma existe, seguramente será de esas cosas que nos alcanzarán en plena carrera después del kilómetro 33 o 35… para bien o para mal, según lo que arrastremos o sepamos, en el fondo, que hicimos bien o mal. A nosotros mismos y a otros.

Hoy, sólo me concentro en poder llegar a esa etapa, y descubrir si mental y psicológicamente puedo dar cuenta de esos demonios, fantasmas y últimos kilómetros. Ese es mi verdadero reto.

En unos horas me pondré mis tenis y trataré de vencerme. Vencer mis limitaciones, ideas y lesiones. No será una batalla sencilla. Y en el fondo, me gusta que así sea.

Que obviamente sin buscarlo, este proceso, y su recta final, se hayan convertido en un reto mismo, en una prueba que conecta con muchas otras cosas.

I’m ready for this shit. Bring it fucking on, Chicago.