Hablando de Gabriel García Márquez

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Entre periodistas.

Mi relación hacia la figura de Gabriel García Márquez, como la de la gran mayoría, es la de lector. Pero era su defensa y orgullo del oficio del periodismo lo que siempre sentí poderosamente cercano y lo que más le admiraba.

Sí he leído bastantes de sus libros pero no todos. Un par los habré leído un par de veces. A pesar de la profunda admiración por su trabajo de ficción –y de entender los alcances en la literatura universal que venían del mismo-, en lo personal siempre me sentí más cercano a la obra de Rulfo, Saramago y Monsiváis, por mencionar otros autores. En otras palabras, no soy fan de García Márquez como muchos hoy se confiesan. No fan del escritor, es decir.

Nunca lo conocí en persona. Un par de veces asistí a eventos donde estuvo y nada más. Lo llegué a ver de lejos o estar a unos pocos metros. Nunca pasó de eso. Desde hace varios años, he tenido la fortuna de conocer y trabajar con gente que trabajó de cerca o convivió con él por largo tiempo o que podrían considerarse incluso amigos del autor (los únicos a quienes entiendo lo llamen Gabo o Gabito). A eso se reduce mi posible ‘cercanía’ a García Márquez en el plano real.

Pero otra faceta del escritor y periodista colombiano, indirectamente y a larga distancia, ha permeado en mi formación profesional. Y conecta con una parte muy profunda en mí, de cómo veo mi trabajo y mi profesión, de qué busco en ella, de qué espero que un periodista busque hacer.

Soy un directo beneficiario de su trabajo a favor del cine y el periodismo iberoamericano a través de la creación de espacios e instituciones que promueven la formación en estas áreas.

En 2001 estudié guionismo y análisis cinematográfico en la Escuela Internacional de Cine y TV (EICTV) en San Antonio de los Baños, en Cuba. Escuela que él ayudó a fundar en 1986. Mi experiencia ahí es un innegable pilar de mi formación como periodista de cine y como crítico.

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En San Antonio de los Baños, Cuba, en 2001.

Más de una década después, a inicios de este 2014, recibí la beca Gabriel García Márquez de Periodismo Cultural de la Fundación del Nuevo Periodismo Iberoamericano (otro espacio que creó en los 90s como un centro de formación para periodistas iberoamericanos) que me permitió vivir un par de extraordinarias, intensas, motivadoras, reflexivas, formativas e inspiradoras semanas al lado de un notable grupo de maestros y un admirable grupo de colegas de varios países, trabajar, discutir y reflexionar alrededor de nuestra profesión, de nuestro oficio, y de cómo podemos hacerlo mejor. Porque queremos hacerlo mejor. Trabajamos mucho durante ese par de semanas. Y lo disfrutamos aún más.

Hay pocos lugares y espacios para momentos así. Para trampolines mentales así. Donde se alimentan y se avivan (o reavivan) las brasas de la pasión absoluta por lo que hacemos, de lo que podemos hablar por horas buscando llegar a algo más, a entender algo mejor, para poder explicarlo mejor, y que a alguien esa idea le ayude en algo. La semilla y el corazón del periodismo, que se extiende por diferentes fuentes y géneros, y ahora por diversas plataformas y formatos. Pero sigue siendo la misma misión: compartir una idea, una observación, algo descubierto o analizado, observado distinto, que nos haga pensar, que nos haga vernos en un espejo.

A pesar de la poca distancia temporal con la realización de la Beca (durante la cual pudimos viajar y conocer su natal Aracataca, donde además estuvimos presentes en la primera proyección en el lugar de Tiempo de Morir del realizador colombiano Jorge Alí Triana, filme basado en un guión del propio García Márquez), tengo claro que es de nuevo una de esas experiencias que uno sabe estará entre los highlights al final del camino, o que uno atesorará en años al echar la mirada hacia atrás.

Fellows & masters GGM Fellowship 2014

Fellows y Masters de la Beca GGM 2014.

A Gabriel García Márquez mi infinito agradecimiento por esas pinches ideas grandes y espectaculares, con intención de compartir y aportar. De ayudar e inspirar. Si no fuera por esas ideas, sé que no podría hacer y pensar mi trabajo, como hoy lo hago.

Yo también estoy convencido que este es el oficio más hermoso del mundo.