Lo que pienso mientras leo…

paperhead writer

Las historias, encuentros y desencuentros, como los libros que recordamos y a los que regresamos, se nos quedan porque nos hablan directamente, nos despiertan ideas, nos echan a andar la imaginación por más rumbos de los que creíamos posibles, nos conflictúan o nos conectan en lo profundo. Lo importante está en lo que se queda: en esas ideas, en las emociones, en la conversación y cuestionamiento constante e intenso con uno mismo. No necesariamente en cómo nos despiertan interés o curiosidad a priori, o cómo con excentricidades y exaltaciones puedan llamar nuestra atención. Eso usualmente se diluye en uno al tiempo, lo otro siempre se queda. Lo otro es lo que nos va reescribiendo. Y como en la literatura, pocas veces se emociona uno tanto como cuando se encuentra en páginas a un personaje en crecimiento y/o evolución cuya situación o ideas nos hablan a lo más personal; tranquilamente, en voz baja, como una voz en off en esa caja de resonancia que imaginamos como mente y donde nos escuchamos al leer y pensar.
Cada lector decide, libro a libro, poder escribir en la realidad un personaje así.

 

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