La Revolución Digital en el Cine

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A inicios de año (2014), me enteré a través de un buen y viejo amigo que el cine al que ocasionalmente nos llevaban como evento especial de ciertos viernes en la escuela primaria a la que íbamos en Xalapa, Veracruz, había cerrado definitivamente.
Algunos de mis primeros recuerdos como público en una sala fueron en ese cine, el Cinema Pepe de Xalapa.
Años antes, viviendo mi familia en la Ciudad de México, en mi infancia, recuerdo un poco entre la bruma y neblina de la memoria de 3 décadas atrás algunas visitas con mi madre al Cine Continental, aquel que parecía castillo de Disney y que se ubicaba en Av. Coyoacán en la Colonia Del Valle. Ahí lloré viendo Bambi. Eso asegura mi madre, yo no lo recuerdo.
El Cine Continental fue derrumbado hace unas semanas para dar paso a un Superama. La otrora Casa de Disney fue incapaz de sobrevivir la era de los multiplex de centro comercial.
Para cuando en la primaria nos llevaban al Cinema Pepe, yo tenía 11 años. Algunos viernes cada ciertos meses, la escuela organizaba una suerte de excursión al cine que se encontraba en la misma cuadra de la primaria. Era 1989. En el Cinema Pepe descubrí Las Aventuras del Barón Münchausen y ¿Quién engañó a Roger Rabbit?.

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La explicación a estos cierres definitivos y desapariciones de este tipo de cines puede entenderse también por la evolución y adaptación reciente de la industria.
En los últimos 5 años, el proceso de distribución y exhibición de películas sufrió un cambio mayor. Para enero de 2012, más de la mitad de las 123,719 pantallas comerciales de cine en el mundo se habían convertido en pantallas digitales. La última pieza del rompecabezas de la completa producción digital en el cine había alcanzado el punto sin retorno: ya hay más salas digitales que ‘tradicionales’.
La producción y post producción digital tenían ya una década de intentos y experimentos en la industria.
Recordemos que a finales de los 90s, George Lucas ya había señalado el futuro cuando anunció que la nueva trilogía de Star Wars se realizaría con cámaras digitales y no con celuloide. Su intención, para Episodio 2: El Ataque de los Clones en 2002, era que se estrenara y proyectara digitalmente también, pero ese sueño se le frustró cuando apenas 63 pantallas en EU estaban listas para algo así.
Los últimos componentes de la cadena de producción en el cine pendientes de dar el salto a la digitalización eran la distribución y proyección de las películas.
Esto requería una compleja negociación entre estudios, distribuidoras y exhibidores, siendo estos últimos quienes tendrían que enfrentar una fuerte inversión para modernizar sus salas. Claro, una vez que fueran convencidos de los beneficios de la proyección digital.
En 2005, en la convención anual de exhibidores que se conoce como Cinema-Con, George Lucas, James Cameron, Robert Zemeckis, Robert Rodriguez y Peter Jackson llegaron con el claro objetivo de vender la idea del cine digital de la mano del 3D.
Eventualmente, el 3D fue el factor que Hollywood necesitaba para terminar de animar a los exhibidores a modernizar sus salas. Funciones en 3D permitían vender boletos más caros y abrirse a un público ávido por esas nuevas experiencias tal y como los directores las habían concebido, una audiencia dispuesta a pagar más por ellas.
4 años después, Avatar confirmó que la apuesta era la correcta al recaudar 2 mil 700 millones de dólares en el mundo, un gran porcentaje gracias a estar en 3D.
A los exhibidores, con razón, les parecía que el desembolso que habría que hacer en este proceso de modernización era muy fuerte para ser absorbido por completo por ellos, ya que de cierta manera, estaban siendo forzados a hacer el cambio o no estrenarían esos esperados títulos. Un ejemplo mucho más reciente de esa presión: en 2011, 20th Century Fox envió una carta anunciando que para 2014 ninguno de sus estrenos y lanzamientos se distribuirían en película. Solo digitalmente.
Esto se resolvió por dos vías. Primero una considerable inyección de inversión proveniente de Wall Street (principal, pero no exclusivamente en EU) ayudó a los exhibidores a enfrentar los costos de modernizar sus salas para proyección digital.
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Por otra parte, el llamado VPF (Virtual Print Fee), un pago fijo que los estudios y /o distribuidoras aceptaron hacer como apoyo en este proceso por cada copia virtual para exhibirse.
El VPF funciona de la siguiente manera. Considerando no solo los gastos de compra, sino de mantenimiento y administración del nuevo equipo de proyección digital, el distribuidor paga a una tercera parta (llamado integrador) por cada película a proyectarse en una sala, un fee o tarifa de aproximadamente $1000 dólares.
El integrador funciona como una instancia que renta el equipo a los exhibidores y ayuda a coordinar las posibles necesidades de mantenimiento y actualización, aunque son los exhibidores quienes eventualmente son dueños del equipo (ellos también tuvieron que poner de su bolsa). El VPF sirve para absorber por parte del estudio una parte de la modernización de las salas.
Una vez que esto fue decidido y firmado, la revolución comenzó, y se dio a una velocidad extraordinaria.
Para Hollywood, el 3D fue el caballo de Troya para esta modernización, como lo detalla David Bordwell en su libro Pandora’s Digital Box. En 2008 hubo apenas 5 estrenos en 3D. En 2009, fueron 16 los estrenos en 3D, incluidos Up, La Era del Hielo, Monsters vs Aliens, Lluvia de Hamburguesas y Avatar.
Ese mismo año, en el mundo había cerca de 16 mil pantallas digitales. Para 2010, después del éxito de Avatar, ya había más de 36 mil.
En México, Cinépolis, la cadena exhibidora líder del mercado nacional, inició su proceso de digitalización en diciembre de 2008 con la instalación de 10 salas para la exhibición de Chicken Little en 3D. Para diciembre de 2011, impulsados por el boom del 3D, el 30% de sus salas ya tenían proyectores digitales.
Para abril de 2012, muy de la mano de la tendencia global, habían rebasado la digitalización del 50% de sus salas. Para octubre de ese año, habían digitalizado todas sus salas en Latinoamérica. En México esto se alcanzó en mayo de 2013.
Ante las necesidades y evoluciones tecnológicas, artísticas, sociales y económicas de la industria, la revolución digital (comparable con la llegada del sonido al cine o de los avances tecnológicos y cambios en la industria en los 70s) llegó en un parpadeo. Los cambios son parte de la historia del cine, y vivimos tiempos en los que no hace falta voltear demasiado hacia atrás, para ver lo mucho que sigue cambiando el llamado 7º Arte.